lunes, 21 de noviembre de 2016

Trump y el éxtasis disidente

Trump y el éxtasis disidente
Algunos siguen obstinados en Cuba en el vulgar ejercicio de empañar la
gestión opositora con una dependencia excesiva a la política de un
gobierno extranjero
Alejandro Armengol, Miami | 21/11/2016 11:56 am

Desde que hace años varios disidentes cubanos se reunieron en la
residencia del entonces jefe de la Sección de Intereses de Estados
Unidos en La Habana, y participaron en una votación simulada para elegir
al presidente norteamericano, el proceso electoral que se celebra a 90
millas de las costas de Cuba, y sus resultados, ha sido una tentación
demasiado fácil para que la oposición en la Isla incurra en farsas,
celebraciones y desaciertos que terminan por destacar aún más una imagen
de apego y dependencia a los dólares provenientes de Washington.
Porque de entrada debe señalarse que el trasfondo del dinero recorre el
video donde un grupo de opositores cubanos —Antonio G. Rodiles, Jorge
Luis García Pérez (Antúnez), Ángel Moya, entre otros— celebran el
triunfo del magnate Donald Trump y de los legisladores cubanoamericanos
en las elecciones de Estados Unidos.
Todas las declaraciones de reconocimiento a Trump, por parte de la
oposición, y a su preocupación por los derechos humanos y los presos
políticos en Cuba, no pasan de ser una muestra de ignorancia —en el
mejor de los casos— o de lo que es más cercano a la realidad: puro
oportunismo, conveniencia para el bolsillo.
En buena parte de quienes se expresan así, difícil separar tales
declaraciones de las conveniencias que les ha brindado su simbiosis con
cierto sector de la comunidad exiliada y del Partido Republicano.
Ello explica la realización de este video, que en momento alguno se
dirige a la ciudadanía cubana —a favor de la cual supuestamente realizan
su empeño político—, sino más bien a quienes residen en Miami y
Washington y los sostienen.
Por ello, lo que más destaca en declaraciones e imágenes no es solo la
desconexión, entre estos disidentes y la realidad de la calle cubana,
sino la falta de interés —por parte de ellos— de ampliar visión y
objetivos, y en cambio refugiarse en la retórica miamense.
Trasmitir una imagen que puede ser del agrado al otro lado del estrecho
de la Florida, pero con la que es difícil ganar adeptos en el país. Da
la impresión que lo segundo no les preocupa ni interesa.
Si los cubanos, en buena medida, se han expresado preocupados por un
retroceso en la relación entre Washington y La Habana —y como ello
podría afectarlos en su vida cotidiana—, estos opositores parecen vivir
en una especie de "burbuja disidente", a la que no llegan dichas
preocupaciones.
Al temor de ciudadano de la calle ellos responden con alegría y hasta
con burla.
Ese desapego con lo que realmente ocurre en el país, por parte de
quienes se suponen representar —al menos en parte— una avanzada hacia la
democracia, es realmente preocupante. Y más aún si este beneplácito, que
tiene su origen en la posibilidad de una mayor satisfacción de intereses
y objetivos —personales o de grupo— se manifiesta a través de la demagogia.
"Fue muy frustrante ver, cómo la administración de Obama permitió al
régimen ganar espacio político... en lo económico y dejar al pueblo
cubano y a sus demandas a un lado", expresa Rodiles, según El Nuevo Herald.
Aquí se repite ese viejo vicio —posiblemente heredado del castrismo— de
arropar un interés propio o de grupo con un ideal nacional, ya que al
parecer el opositor se considera representante de las demandas de todo
un pueblo y condena al Gobierno de Barack Obama por fracasos extraños a
este: el régimen castrista posee, de entrada, todo el espacio político
—como corresponde al sistema totalitario adoptado—, y ello es ajeno y
anterior a la llegada de Obama a la Casa Blanca. Una vez más sale a
relucir el ejercicio provechoso —a quien lo practica— de repartir las
culpas en los ajenos y no hablar de las propias.
Como si la pérdida de memoria temporal fuera una virtud a explotar,
estos disidentes parecen estar aplaudiendo una vuelta —que ellos sueñan,
porque no se sabe en realidad lo que va a ocurrir— a la época de George
W. Bush, donde nada se logró a favor de la democracia en Cuba y el
avance de los derechos humanos, salvo repartir algunas medallas y trofeos.
Lo curioso es que estos disidentes copien, de los votantes
estadounidenses en favor de Trump, una añoranza por un pasado —que en
Estados Unidos es irrepetible, pero al mismo tiempo representa un ayer
privilegiado y "glorioso"—, y lo asimilen a un paso atrás en Cuba, que
no significa mejora alguna sino todo lo contrario: pese a la permanencia
del terror propio de un Estado policial, no se vive en una situación
igual que durante la "Primavera Negra". Donde además ellos aparentan
confiar en las promesas —durante las últimas semanas de campaña— de un
candidato sin historial alguna en favor de los derechos humanos. A todo
ello hay que agregar que tanto estos disidentes como algunos en el
exilio de Miami han optado por un silencio cómplice sobre las afinidades
entre Trump y Vladimir Putin.
Un mínimo conocimiento político, no solo de lo que ocurre en Estados
Unidos sino también en Cuba, les hubiera permitido realizar la pregunta
clave que se hace el cubano de a pie respecto al actual presidente
estadounidense: ¿Está mejor ahora o antes que Obama? Es cierto que la
respuesta derivaría hacia algunos pocos aspectos materiales de avance, y
que en lo que se refiere a una mayor libertad política hay poco que
decir, aunque la comparación tampoco encontraría mayor libertad con los
anteriores presidentes republicanos, un embargo más rígido y mayores
limitaciones a viajes y remesas. Pero no, ellos han encontrado legiones
de opositores que rechazan al mandatario; o de vivir del cuento mirando
al futuro.
Por supuesto que los opositores tienen todo su derecho a expresar su
simpatía por Trump e incluso es posible que les envíen desde Miami los
necesarios pasajes, para asistir con banderitas de EEUU en las manos a
la toma de posesión del nuevo presidente. Pero una cosa es aspirar a que
se adopten los beneficios de un sistema democrático similar al
estadounidense —cuyas virtudes y defectos lo sitúan muy por encima del
régimen cubano— y otra muy diferente es empeñar la gestión opositora con
una dependencia excesiva a la política de un gobierno extranjero.

Source: Trump y el éxtasis disidente - Artículos - Opinión - Cuba
Encuentro -
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/trump-y-el-extasis-disidente-327741

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