martes, 29 de noviembre de 2016

Murió Fidel, pero el fidelismo sigue vivo

Murió Fidel, pero el fidelismo sigue vivo
PEDRO CAMPOS | La Habana | 29 de Noviembre de 2016 - 11:37 CET.

Fidel Castro ha muerto, pero su impronta, estampada con saña sobre la
sociedad cubana durante 63 años, cuatro meses y 25 días, desde el asalto
al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, "cuando todo comenzó",
continúa vigente, perjudicando el presente y amenazando el futuro de la
nación cubana.

El fidelismo, esa mezcla ecléctica de populismo, voluntarismo,
corrupto-estatalismo asalariado, neoestalinismo y autoritarismo, está
enraizado en la sociedad cubana, en los cerebros de muchos de los
"dirigentes comunistas" designados y en no pocos cubanos de a pie a los
que se mal acostumbró a la filosofía enfermiza y destructora de depender
de las dádivas de "Papá Estado".

No se trata de hacer "leña del árbol caído"; quienes lo criticamos en
vida, de frente y a todo riesgo, compartimos el derecho de todos a
expresar nuestros sentimientos, puntos de vista y preocupaciones en
estos momentos, sobre Cuba, su sociedad y el proceso político-económico
y social desarrollado en Cuba en nombre de un socialismo que nunca
existió y de una revolución que fue secuestrada, burlada y violada en la
inocencia y la buena voluntad de su pueblo.

Por eso, ahora que todo el mundo habla de Fidel Castro y su legado, no
puede faltar el análisis crítico del nefasto papel jugado por el
fidelismo en Cuba y en el seno del movimiento revolucionario y
socialista internacional. No será posible hacerlo en unos breves
escritos a propósito de su muerte. Serán necesarios varios gruesos
volúmenes escritos desde todos los ángulos y visiones, pero la tarea es
impostergable, aunque mucho ya se ha avanzado durante su propia existencia.

En estas breves notas y en estos momentos, quiero dejar expresada la
esencia de lo que vengo publicando hace ya más de diez años: el
fidelismo nada tiene que ver con el socialismo auténtico, ni con las
esencias políticas económicas y sociales del pensamiento marxista, y se
demuestra simplemente porque toda la obra del fidelismo solo ha servido
en Cuba para tratar de consolidar un capitalismo monopolista de Estado,
y porque nacional e internacionalmente solo consiguió el repudio de las
clases trabajadoras y productivas contra las ideas socialistas.

Si un pensamiento político desquiciado sirvió para fracturar, destruir,
inmovilizar y neutralizar el avance del socialismo auténtico en el mundo
y especialmente en América Latina, ese ha sido el fidelismo, a tal punto
que grandes movimientos políticos y de masas de los mismos trabajadores
rechazan la ideas de luchar por el socialismo, por el cambio hacia
relaciones de producción libres —privadas y asociadas—, y defienden
medidas para preservar las formas de producción asalariadas que
tipifican el capitalismo y constituyen la base sobre la cual se sustenta
todo su sistema.

Pero como el pensamiento retrógrado y contrarrevolucionario del
estatalismo asalariado, base socio-económica del fidelismo, está en
crisis y en caída libre desde la caída de la URSS y el llamado campo
socialista, nada ha podido evitar su desastre en Cuba y en la región
latinoamericana. Nada ha podido evitar tampoco que, en el propio seno
del capitalismo, las formas de producción libres, independientes,
privadas o asociadas, crezcan y se desarrollen, que un socialismo
natural fluya y progrese.

Y por mucho que haya pretendido ocultar el enfrentamiento con su
hermano, Raúl Castro mismo se vio obligado a realizar una serie de
transformaciones que llevaron a liberar a la sociedad cubana de varias
de las absurdas regulaciones impuestas en estos largos años de
fidelismo. Raúl avanzó, aunque nunca pudo completar, una serie de
medidas económicas que, de aplicarse consecuentemente, ya hubieran
provocado un significativo cambio en la realidad cubana, en todos los
órdenes.

Poco tiempo queda ya a Raúl Castro para activar esos cambios. Ahora
veremos en Cuba, en el mundo oficial, una lucha por preservar el legado
fidelista contra los intentos de acelerar y profundizar los cambios
aprobados en el VI Congreso y VII Congreso del PCC, especialmente en lo
relacionado con la extensión del trabajo por cuenta propia, el
cooperativismo libre, la participación de los trabajadores en las
ganancias de las empresas estatales, concretar la inversión extranjera y
liberar la economía de todas las trabas y monopolios estatales en el
mercado y la propiedad.

Que tales cambios fructifiquen y posibiliten una consolidación del ala
pragmática en la que se encuentran muchos militares y elementos
vinculados a las empresas estatales relacionadas con el capital
extranjero fundamentalmente y la esfera del turismo internacional,
dependerá de la permanencia de los fidelistas en las posiciones
fundamentales del Partido y el Gobierno.

El ala pragmática está preñada de la contradicción que significa
mantener la unidad del oficialismo en torno a la figura histórica de
Fidel y al mismo tiempo dejar atrás su legado socio-económico. El parto
de una criatura nueva y progresista se producirá si se acompaña de un
proceso de democratización política que rescate la libertad de
expresión, crítica, asociación y elección, que permita la participación
pacífica y democrática de todos los sectores de la sociedad cubana,
especialmente el opositor, la disidencia socialista y el pensamiento
diferente.

Los grandes errores de Gorbachov fueron no sacar de la dirección del
PCUS a los conservadores, no ganarse el apoyo de la disidencia
socialista, los demócratas y los liberales y no desestatizar la economía.

Cuba tiene ahora, como nunca, la posibilidad de cambiar y de hacer
realidad los grandes enunciados democráticos originales que provocaron
la revolución de 1959. La gran mayoría del pueblo cubano así lo demanda.
Es la hora de la sociedad en que quepamos todos los cubanos, los de
dentro y los de fuera y, en la armonía de las diferencias, levantar la
gran nación que soñaron nuestros padres fundadores del siglo XIX.

¿Podremos? Sí, se puede, si todos asumimos responsable y sabiamente el
momento histórico.

Source: Murió Fidel, pero el fidelismo sigue vivo | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1480370292_27040.html

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