martes, 22 de noviembre de 2016

Mi padre, un policía de la República

Mi padre, un policía de la República
Otro capítulo tergiversado de la historia de Cuba
Martes, noviembre 22, 2016 | Jorge Luis González Suárez

LA HABANA, Cuba.- El actual gobierno se ha dedicado desde sus inicios a
injuriar de forma sistemática a todos los antiguos miembros del Cuerpo
de la Policía de la República, al acusarlos de esbirros y asesinos. Si
bien es cierto que algunos agentes cometieron excesos y crímenes durante
el régimen de Batista, no todos actuaron así.

Puedo dar prueba fehaciente de ello: mi progenitor fue policía de la
república. Se llamaba Arturo González Armas y fue el vigilante que llevó
el número de orden 2361.

Solo alcanzó el grado de cabo suplente. Nunca tuvo aspiraciones mayores.
Desempeñaba su labor como un oficio cualquiera y su principio
fundamental era cumplir con su trabajo. Por tanto, se dedicó toda su
vida a desempeñar su labor sin inmiscuirse en problemas que no fueran
los reglamentarios.

Ingresó en la escuela de formación policial en 1932 al venir para La
Habana, desde su natal San Luis, en Pinar del Río. Obtuvo su plaza por
intermedio de unos familiares de origen materno de apellido Plasencia,
quienes eran personas acomodadas, dueños de laboratorios farmacéuticos y
con influencia en el gobierno.

El uniforme usado por la policía en ese tiempo era totalmente de color
azul, camisa de mangas largas con sus grados, gorra de plato y corbata.
Llevaba un cinto ancho donde estaba la cartuchera con su pistola
correspondiente y el club, un madero corto como arma de defensa en caso
de agresión. La chapa o distintivo era de metal, y la portaba bien
visible sobre el lateral izquierdo del pecho.

Mi padre trabajó durante 27 años como policía en la Séptima Estación,
que se hallaba en Infanta y Manglar. Desempeñó casi siempre las labores
de recorrido y posteriormente fue destacado en el Ministerio de
Justicia, ubicado entonces en Belascoaín y Desagüe, como vigilante de la
portería.

El salario que devengaba mi padre eran $138 pesos al mes. Si bien
entonces era una cantidad aceptable, no daba para lujos. Vivíamos en una
habitación con baño y cocina en un pasaje modesto, cerca de la Esquina
de Tejas. Con grandes sacrificios, pagó mi enseñanza en una escuela
privada del barrio.

Recuerdo que contaba que en una ocasión, el capitán de su estación lo
llamó y le preguntó si quería alguna plaza donde pudiera "buscarse algo"
y él le contestó que prefería la tranquilidad en un puesto sin problemas
a ser una persona deshonesta, de ahí que durante el gobierno de Batista
estuviera en el ministerio antes mencionado.

La única vez que sacó su revólver fue cuando recibió la orden de
desalojar a unos mendigos de los portales de la avenida Carlos III. Al
acercarse a uno de ellos, el individuo lo atacó con un palo. Lo golpeó
en la frente, donde le produjo una herida. Mi padre, en defensa propia,
extrajo el arma, pero no la usó, porque otro compañero llegó en su
auxilio y redujo al atacante.

El triunfo revolucionario del primero de enero de 1959 sorprendió a mi
padre en la casa, cuando descansaba de su faena diaria. Se presentó
voluntariamente a su estación y allí estuvo retenido, sujeto a
investigaciones, durante 27 días. No hallaron nada para incriminarlo. Al
final fue despedido sin indemnización. Se le retiró la pistola calibre
45 que había adquirido de su propio peculio. Le comunicaron que pasaría
a retiro, que le avisarían. Esperó durante tres años y medio, sin
recibir remuneración alguna durante ese tiempo.

Un hermano suyo también fue policía: Pablo González Armas. Laboró muchos
años en el Hospital de la Policía como práctico de farmacia. Sus
compañeros le llamaban P.P. y era muy querido por todos. Al llegar la
Revolución, fue removido de su cargo, pero hubo de ser llamado
nuevamente al lugar, pues sus conocimientos eran indispensables. Se
mantuvo allí hasta que obtuvo su jubilación.

Quiero dedicar esta crónica a la memoria de mi padre y mi tío y a todos
aquellos que con honestidad desempeñaron la digna labor de policía. Que
sirva de constancia para desmentir los argumentos esgrimidos por el
gobierno y contribuir a la verdad de nuestra falsificada historia.

jorgeluigonza72015@gmail.com

Source: Mi padre, un policía de la República | Cubanet -
https://www.cubanet.org/opiniones/mi-padre-un-policia-de-la-republica/

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