viernes, 18 de noviembre de 2016

El Halloween tardío de los Castro

El Halloween tardío de los Castro
Probablemente las maniobras militares cubanas sean el hazmerreír del
momento a escala planetaria
Viernes, noviembre 18, 2016 | Miriam Celaya

LA HABANA, Cuba.- Apenas pocas horas después de haberse cerrado los
colegios electorales estadounidenses tras las elecciones del pasado 8 de
noviembre, el Palacio de la Revolución en La Habana hacía sonar sus
trompetas de guerra, convocando a otro de sus fachosos ejercicios
"estratégico-militares" de nombres rimbombantes: Ejercicio Bastión 2016
y Días de la Defensa, que sucederán desde el 16 al 20 de este propio mes
de noviembre.

Guerra de Todo el Pueblo, han dado en llamar en su conjunto a esta
pantomima en la que se dilapidan los escasos recursos de la hacienda
arruinada para demostrar cuán cohesionado está el pueblo cubano con su
revolución, cuán unidos somos y cuán capaces de desplegar nuestra
disposición combativa para enfrentar "cualquier maniobra del enemigo"
con nuestro poderoso armamento.

Es como un Halloween con disfraces y alboroto, pero sin caramelos. Los
oficiales del Ejército visten sus chaquetas con charreteras y se
enganchan todas las insignias y los atributos del ritual, resignados al
fastidio de alejarse brevemente de la comodidad de sus bien servidas
mesas y de sus oficinas climatizadas; los hambreados soldaditos del
Servicio Militar Obligatorio son movilizados durante días, cargados con
pertrechos y armas viejas para jugar el eterno simulacro guerrero contra
un enemigo imaginario; mientras los tontos útiles de siempre se
disfrazan de milicianos, enarbolando valientemente sus fusiles de palo.
Guerreros y armas de mentiritas para una guerra de mentirita.
Probablemente las maniobras militares cubanas sean el hazmerreír del
momento a escala planetaria.

Porque nadie en su sano juicio ignora que en el impensable caso de que
"el enemigo" decidiera realmente atacarnos, la guerra sería mucho más
breve que este ridículo simulacro de los Castro, y que tendría como
resultado inexorable la aplastante derrota de las huestes isleñas.
Habría que ser muy mentecato para siquiera conjeturar un resultado
diferente. Lastimero

Entonces, ¿qué sentido tendría librar una guerra que se sabe perdida de
antemano?, ¿de qué se va todo este patético alarde de conflagración del
Club Senil verde olivo? ¿A qué vienen los discursos y gestos retrógrados
propios de la Guerra Fría en pleno siglo XXI?

La actitud del régimen castrista resulta aún más extemporánea si
consideramos que durante los últimos cuatro años la Isla ha sido el
escenario de los diálogos de Paz entre el gobierno colombiano y los
narco-guerrilleros de las FARC, destinados a alcanzar un acuerdo
consensuado después de medio siglo de guerra civil en ese país
suramericano, meta aparentemente alcanzada apenas unos días atrás.

Recordemos también aquella Cumbre de la Celac, celebrada a todo trapo en
La Habana, donde con bombos y platillos se declaró a América Latina como
Zona de Paz.

Pero en realidad el aparente desorden bipolar de la gerontocracia verde
olivo al simultanear actitudes tan opuestas —llamar a otros a la paz y a
los cubanos a la guerra—, especialmente a menos de dos años del
restablecimiento de relaciones entre los gobiernos de Cuba y EE UU,
revela varias cuestiones de fondo.

Dejando a un lado el hecho palmario de que los señores del Palacio de la
Revolución no tienen la menor idea de cómo o a dónde conducir a la
nación, y que su interés único es mantenerse aferrados al Poder a
perpetuidad —razones por las cuales se ven forzados a improvisar sobre
la marcha, dando bandazos de náufragos en una colosal tormenta—, lo
cierto es que el gobierno necesita desesperadamente conservar a su
entrañable enemigo, aunque éste haga caso omiso de tan insignificante
adversario.

La histeria oficial que se viene reflejando en la agresividad de los
discursos, en el retorno al nacionalismo extremo, en la invocación a los
viejos fantasmas del "diversionismo ideológico" y en la utilización del
monopolio de prensa gubernamental como barricada de consignas y
evocaciones del pasado, demuestra cuánto daño hace al régimen castrista
la política de acercamiento y distensión iniciada por el presidente
saliente de EE UU, Barack Obama.

Si bien en principio Obama apareció como una luz de esperanza en el
sombrío horizonte que se anunciaba para el futuro del castrismo, ha
resultado ser, en definitiva, una verdadera pesadilla para el
General-Presidente y su clan. Castro II no ha logrado acceder a los
anhelados capitales y, para mayores males, ha perdido el sustento
esencial de su control ideológico sobre la sociedad.

Sucede que más de medio siglo cifrando la columna vertebral de la
política de gobierno sobre la beligerancia y hostilidad del enemigo
externo que nos amenaza, ha hecho de la confrontación la única
estrategia del sistema. De hecho, ese conflicto sostenido resulta tan
indispensable para la política castrista, tanto al exterior como al
interior del país, que de no existir EE UU el régimen hubiese tenido que
inventárselo.

Pero en estas extemporáneas ínfulas guerreristas también se están
reflejando otros elementos, como por ejemplo la enajenación del sistema,
sumido en una crisis irreversible, y la desconexión del Gobierno con la
realidad actual, con el contexto político mundial y con los intereses de
los (des)gobernados. Obviamente, el General-Presidente y su comparsa no
entienden que ya en Cuba nadie se cree la vieja fábula del
Pueblo-Caperucita asediado por el Imperialismo-Lobo, que solo puede ser
protegido y salvado por el Gobierno Estado Partido Comunista-Leñador.

Hoy Cuba es otra, y los cubanos también. No en vano han transcurrido más
de 50 años desde que un joven y enérgico Fidel Castro convocara la
primera movilización militar masiva por la toma de posesión de un
presidente estadounidense, y 36 desde que concibiera la "Guerra de Todo
el Pueblo" como estrategia para movilizar militarmente a millones de
cubanos cada año de elecciones en EE UU. Los réditos políticos de azuzar
el conflicto con el gigante del Norte fueron cuantiosos, pero la fábula
de la Caperucita Tropical se ha desgastado y ya no surte efecto.

Los cubanos de hoy saben que la hostilidad castrista hacia EE UU es
signo de debilidad, no de fuerza. Tampoco creen en la épica
revolucionaria ni tienen compromiso alguno con un régimen que perciben
como el mayor obstáculo a la libertad, a la prosperidad y a la
realización personal. Nadie parece interesado en guerritas imaginarias,
en particular si se trata de combatir contra el país que se ha
convertido en destino y hogar de millones de compatriotas.

En los tiempos que corren, los cubanos que no emigran al territorio
"enemigo" en pos de sus sueños cifran sus mejores esperanzas en el día
en que finalmente caigan los bastiones del castrismo y la estrategia
política del futuro gobierno elegido por ellos sea la Prosperidad de
Todo el Pueblo. Sencillamente quieren vivir en paz, sin fábulas
engañosas y sin guerras.

Source: El Halloween tardío de los Castro | Cubanet -
https://www.cubanet.org/destacados/el-halloween-tardio-de-los-castro/

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