martes, 15 de noviembre de 2016

Canek Sánchez Guevara, un Camus apátrida

Canek Sánchez Guevara, un Camus apátrida
«Siempre he sido extranjero», dijo de sí mismo Canek Sánchez Guevara,
nieto del Che, cuyos diarios de viaje por medio mundo se «comen» sus
relatos y novelas breves, recién publicados
EDUARDO JORDÁ - @ABC_Cultural
15/11/2016 02:17h - Actualizado: 15/11/2016 09:49h.

En la Cuba de los primeros años de la Revolución, Hilda Guevara, la hija
del Che Guevara, tenía que escuchar los discos de los Beatles con el
volumen muy bajo, por miedo a que algún vecino la oyera y la denunciara
por contrarrevolucionaria. En ese ambiente asfixiante, en 1974, nació
Canek Sánchez Guevara. Su padre era un guerrillero mexicano que había
secuestrado un avión. Su madre era la hija del Che.

Contra lo que pudiera parecer, el nieto del Che Guevara no heredó el
fervor revolucionario de sus antepasados. Lo que heredó, sí, fue el
instinto aventurero y una inextinguible curiosidad, aparte de una
rebeldía innata que le impulsó a amar todo lo que estaba mal visto en la
Cuba revolucionaria: el «rock», las drogas, la música de vanguardia o
los ensayos de Montaigne y Camus. Pero lo más importante de todo fue el
rechazo instintivo hacia todo fanatismo. El ideario de Canek Sánchez
Guevara se resumía en amar: «cualquier cosa que no me sea impuesta y que
yo no pueda imponer a los demás».

El único hogar
Ahí está el secreto de todo: Canek era un liberal, en el más noble y más
revolucionario sentido de la palabra. Pero un liberal, claro, que había
aprendido a vivir sin ataduras de ninguna clase. Canek se sentía como en
su casa en el magma extraterritorial de internet y no concebía la vida
sin deambular de un lado a otro -Cuba, México, Barcelona, Perú, Francia,
Italia, Panamá, Nicaragua-, porque sabía instalarse en cualquier sitio
donde pudiera dejar su mochila y su ordenador (esa mochila y ese
ordenador fueron en realidad su único hogar permanente).

Canek Sánchez Guevara hizo muchas cosas en su corta vida (murió a los 40
años, en 2015, en México, mientras era sometido a una operación
cardíaca). Fue músico, programador informático, documentalista, escritor
y paseante callejero («flâneur», prefería decir él). Pero sobre todo fue
un hedonista que sentía curiosidad por todos los aspectos de la vida.
Medía casi dos metros, sufría de insomnio y escribía sin parar mientras
cogía trenes y aviones y escuchaba a Sonic Youth. Canek se sentía a
gusto en cualquier parte donde hubiera inmigrantes llegados de muchos
sitios y una playa cercana y un barucho lleno de cervezas y cigarrillos.
El espectáculo de la vida jamás le decepcionaba. Todo le llamaba la
atención y todo se lo pensaba desapasionadamente, porque nunca se dejó
engañar por ideología alguna. Era un lector omnívoro, igual que
Cervantes, capaz de leerse enteras las instrucciones de los cereales
para el desayuno. Su mejor definición de sí mismo era esta: «Yo siempre
he sido extranjero». En Marsella se alojó en el apartamento de un amigo,
«como tantos otros que he conocido: se desayuna cerveza, se come vino,
la merienda es un güisqui y la cena, la suma de todo lo anterior. El
baño es de película "gore"». Esta descripción podría ser la de un
personaje de Roberto Bolaño, quien también había conocido esos
apartamentos en su juventud, y que en el fondo, viviese donde viviese,
siempre fue un extranjero.

El extranjero que fue Canek Sánchez Guevara llevó una existencia en la
sombra. No le gustaba demasiado hablar de su abuelo y tampoco le
interesaba discutir la problemática de Cuba. Lo que le gustaba de verdad
era la literatura y la música. Pero de repente, tras su muerte prematura
-igual que su madre y su abuelo, que no llegaron a cumplir los 40 años-,
Canek Sánchez Guevara ha pasado a convertirse en un personaje
legendario. El volumen de relatos y novelas breves «33 revoluciones»
(Alfaguara) ha sido lanzado simultáneamente en Europa y Estados Unidos.
Y al mismo tiempo, Pepitas de Calabaza ha sacado el diario que Canek fue
publicando por entregas, entre 2008 y 2011, en un periódico mexicano con
el título de «Diario sin motocicleta». La editorial de Logroño tiene
previsto publicar todos los diarios de Canek a razón de un volumen por año.

Verdadero talento
Canek pasó su juventud en Cuba y sabía qué clase de estafa se escondía
detrás de los términos «socialismo de Estado». Eso lo diferenciaba de
todos esos rebeldes de pacotilla que en España conocemos tan bien. «33
revoluciones» no es la obra maestra que se nos está queriendo vender,
aunque es un relato lleno de vida que cuenta muy bien cómo era La Habana
en la época de los balseros, a mediados de los 90, cuando casi todos los
cubanos soñaban con huir a Estados Unidos. Para mí, sin embargo, el
verdadero talento de Canek se halla en sus diarios. Canek era un rebelde
camusiano -es decir, un rebelde de verdad-, y por eso se lo cuestionaba
todo y quería conocerlo todo. Las páginas dedicadas a su madre son
hermosísimas, igual que sus apuntes de viaje o sus reflexiones sobre los
barrios de inmigrantes de la Europa mediterránea donde Canek se sentía
como en su casa. Leer estos diarios es lo más parecido a pasar una larga
noche de charla, entre cervezas y cigarrillos, con Canek Sánchez Guevara.

Durante la Guerra Civil, en Barcelona, George Orwell se encontró con un
voluntario anarquista en un cuartel. Aquel miliciano tenía «el rostro de
un hombre capaz de matar y de dar su vida por un amigo», pero Orwell se
dio cuenta de que muy pocas veces «había conocido a alguien que
despertara una simpatía tan inmediata». Pues bien, Canek Sánchez Guevara
es un escritor así: alguien que despierta en nosotros, sus lectores, una
simpatía inmediata. Salvo que él no hubiera matado nunca a nadie. Y
siempre habría estado dispuesto a dar la vida por un amigo.

Source: Canek Sánchez Guevara, un Camus apátrida -
http://www.abc.es/cultura/cultural/abci-canek-sanchez-guevara-camus-apatrida-201611150217_noticia.html

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