Tuesday, February 15, 2011 | Por René Gómez Manzano
LA HABANA, Cuba, febrero, www.cubanet.org -Este sábado fue de regocijo
para la oposición cubana, aunque no faltó la nota discordante. Ese día y
la víspera fueron liberados tres de los diez presos de conciencia
cubanos que permanecían encarcelados.
El viernes regresó a su casa el luchador pinareño Eduardo Díaz Fleitas,
y al día siguiente por la mañana partimos para su domicilio, en el
poblado de Entronque de Herradura, las Damas de Blanco Laura Pollán y
Bertha Soler, y el autor de estas líneas.
En la casa no cesaba el desfile de lugareños que, sin importarles qué
pudieran pensar las autoridades, pasaban constantemente por casa de
Eduardo para saludarlo y darle sus parabienes.
Anécdota curiosa la del vecino que se acercó e hizo desde la calle un
gesto de saludo. Había actuado como testigo del fiscal contra Díaz
Fleitas; éste salió a la vía pública para darle la mano. Después
comentó: "Yo no tengo odio". ¡Y la policía política acababa de
despojarlo arbitrariamente de todos sus apuntes y poemas!
Poco después del mediodía supimos de la liberación de Héctor Maseda,
marido de Laura Pollán. Se imponía el regreso a La Habana, el cual
iniciamos de inmediato.
El reencuentro tardó todavía: Maseda, al saber que su esposa estaba en
otra provincia, salió para visitar a hijos y nietos. La prensa
extranjera se agolpaba frente a la modesta e histórica casita de la
calle Neptuno esperando su retorno.
Llegó al cabo de un rato. Los informadores captaron el abrazo de ambos
cónyuges y de inmediato comenzó una improvisada conferencia de prensa en
la que el recién liberado estuvo brillante. Tras saludarlo, me retiré
para la casa, y estando allí recibí otra buena noticia: También había
sido excarcelado Ángel Moya, esposo de la también dirigente de las Damas
de Blanco, Bertha Soler. Una vez más salí a la calle.
Felizmente, mi arribo al apartamento del Reparto Alamar fue pacífico. Es
el caso que, unos minutos antes de abandonar nuevamente mi vivienda,
supe que la del matrimonio Moya-Soler era objeto de un violento acto de
repudio, de modo que yo ignoraba qué situación me encontraría al llegar
allá.
Después supe el origen de esta nueva barbaridad. Los dos excarcelados
del sábado preferían seguir presos antes que recibir una licencia
extrapenal. Tanto uno como otro demandaban el uso de algún mecanismo
diferente contemplado en la ley penal vigente.
Al serles comunicada la decisión adversa de las autoridades, ambos
expresaron su rechazo. Para protestar, Moya se desvistió; fue reducido
por la fuerza, introducido en un vehículo y trasladado hacia la playa de
Guanabo; por el camino lo vistieron coactivamente. A su llegada a Alamar
lo esperaban las "turbas divinas".
Como la versión oficial plantea que en esos casos "el pueblo enardecido
actúa de manera espontánea", se impone una pregunta: ¿Qué medio
maravilloso emplearon los congregados de Alamar para enterarse de la
actitud de Moya? ¿Son adivinos! ¡Porque el desafío del valiente luchador
tenía lugar a kilómetros de allí!
Al llegar al lugar Bertha Soler acompañada por Laura, Maseda y Reina
Luisa Tamayo, los esperaba la prensa extranjera, que pudo recoger los
detalles del bochornoso espectáculo escenificado por los repudiantes,
que incluso lanzaron piedras.
Así como el alacrán del cuento es capaz de matar a la rana salvadora,
los castristas parecen empeñados en opacar, con actos vandálicos como el
de Alamar, el efecto favorable a sus intereses que pueden lograr con las
excarcelaciones.
De todos modos, creo que lo más importante de esa jornada fue la actitud
asumida por los liberados, quienes, al igual que Guido Sigler la semana
anterior, expresaron unánimemente su firme voluntad de continuar la
lucha pacífica en pro del restablecimiento de la democracia en Cuba.
A hombres como ésos y como los siete que aún guardan injusta prisión les
corresponde un papel de primerísimo orden en el combate contra el
totalitarismo que ahoga a nuestra Patria.
http://www.cubanet.org/articulos/excarcelaciones-y-actos-de-repudio/
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