lunes, 18 de julio de 2016

La victoria china

La victoria china
Los esquemas ideológicos continúan limitando la comprensión de los
procesos políticos
Redacción CE, Madrid | 18/07/2016 9:42 am

Al final fueron los objetos de consumo y no los misiles los que hicieron
polvo al imperio soviético. Mucho se ha hablado de la victoria del
capitalismo frente al socialismo. Menos del triunfo chino en una
confrontación similar. Que el país asiático se haya convertido en una
forma peculiar de capitalismo de Estado no resta importancia al hecho de
que, en una confrontación entre democracia y totalitarismo, la opresión
conserve la delantera.
Los esquemas ideológicos continúan limitando la comprensión de los
procesos políticos. China se ha beneficiado en gran parte de la derrota
y desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
Su éxito es la consecuencia lógica de apartarse del proyecto soviético
en lo económico, pero las estructuras de dominación política se
conservan casi intactas y son similares a las existentes en Moscú hasta
hace pocos años.
Entre finales de los años 50 y principios de la década de los 70 del
pasado siglo, la Unión Soviética se aferró a la política de preservación
del statu quo en el equilibrio internacional. Nikita Jruschov temía el
surgimiento de conflictos en Asia, el Oriente Medio y África, que
apartaran a la URSS del avance en el terreno económico en el cual estaba
empeñado, para así competir con el mundo capitalista, no mediante
conquistas militares sino en el campo del dominio comercial y el
bienestar ciudadano.
Solo el peligro de que Hungría se apartara del campo socialista —creado
tras la Segunda Guerra Mundial— lo impulsó a invadir a esta en 1956. Fue
renuente en brindar ayuda a Vietnam, obligó a los comunistas iraquíes a
reconocer incondicionalmente al general Abd al-Karim Kassem y durante la
mayor parte de la lucha insurreccional el Partido Socialista Popular
cubano no vio con buenos ojos la lucha guerrillera de Castro en la
Sierra Maestra.
A su vez, trataba de que la China de Mao Tse-tung y la Yugoslavia de
Josip Broz Tito regresaran al redil soviético. Si bien la política de
Jruschov no era monolítica —la KGB trabajaba y se mantenía al tanto de
las condiciones existentes en cualquier nación para extender el
comunismo—, en el terreno internacional se mantuvo el principio de la
"coexistencia pacífica" tras de su destitución, una prolongación de la
idea estalinista de "socialismo en un solo país".
El fracaso de Jruschov fue —además de sus limitaciones personales— la
imposibilidad entonces de encontrar una fórmula de modificar el sistema
sin destruirlo (Mijaíl Gorbachov y los gobernantes chinos representan
los dos extremos a que se pudo llegar en esta búsqueda). Tras su
destitución, la URSS experimentó un retroceso hacia el énfasis en formas
de dominación política y militar —por otra parte nunca abandonadas
durante el régimen de Jruschov.
Nadie como Fidel Castro hizo tanto por cambiar el principio de la
"coexistencia pacífica". Ni siquiera Ho Chi Minh en Vietnam, quien logró
la derrota mayor contra Estados Unidos —y de amplias consecuencias para
la sociedad norteamericana— pero al mismo tiempo se mantuvo aferrado a
un nacionalismo independentista.
Ante los ojos del mundo, para el mandatario cubano la ecuación aparecía
planteada en términos opuestos a los del Tío Ho: la declaración de un
internacionalismo a toda prueba era su forma peculiar de divulgar una
política nacional.
Sin embargo, las banderas que ondeaban en la Plaza de la Revolución
ocultaban un cálculo exacto de riesgos y conveniencias, en que poco
contaban la explotación capitalista y el sufrimiento neocolonial.
Contrario al Che Guevara, Castro no es un aventurero.
Cuando termine el régimen imperante en la isla, los cubanos se
preguntarán, una vez más, qué logró el país en la acumulación de
capítulos, párrafos, referencias y simples notas al pie de página,
dedicadas al tema en los libros de historia de tantas naciones: el
estancamiento económico ha persistido sin interrupción, los avances en
la educación pública y la salud retroceden desde hace mucho tiempo, la
pobreza reina en campos y ciudades y las nuevas generaciones no son ni
más cultas ni más libres que antes de 1959. Aunque el nombre de Fidel
Castro seguirá acaparando la atención mundial hasta su muerte.
A diferencia de la época soviética posterior a la Segunda Guerra
Mundial, donde el juego por el predominio mundial entre las dos
superpotencias se resolvía en movimientos que siempre terminaban en un
estancamiento forzoso de ambos contendientes —para iniciarse de nuevo
una y otra vez—, ahora la jugada en tablas no es un resultado sino el
punto de partida.
China aún está lejos de alcanzar al poderío norteamericano, pero ha
avanzado notablemente en la larga marcha para lograrlo. La diferencia es
que a Estados Unidos le ha tocado ahora hacer el papel de la URSS. Cada
vez le serán más necesarios la superioridad militar y el control
ciudadano como último recurso para impedir la derrota. El "peligro
amarillo" llegó a las cadenas de tiendas y los supermercados
norteamericanos, a la enorme deuda contraída con el exterior por las
últimas administraciones estadounidenses y hasta a las jugueterías más
modestas y los vendedores callejeros. Y no se ha acabado el mundo, ni
siquiera para los Halcones Negros.
En el nuevo ajedrez político, la cada vez más poderosa China está
jugando con otro tablero: invertir en Cuba forma parte de una extensa
campaña de expansión económica. Dentro de este nuevo orden, La Habana no
es el peón de cambio donde establecer bases de cohetes para retirarlos
después, sino parte de un plan de desarrollo y ampliación de mercados.
China sigue demostrando que se puede continuar siendo una nación con un
sistema de fundamentos comunistas —modificado pero no transformado por
completo: el capitalismo de Estado mezcla y admite principios
ideológicos que pueden parecer incongruentes—, tener una fundamental
relación con Estados Unidos y conservar intacta la supresión de los
derechos humanos.

Source: La victoria china - Noticias - Internacional - Cuba Encuentro -
http://www.cubaencuentro.com/internacional/noticias/la-victoria-china-326049

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