lunes, 18 de julio de 2016

Huelga de almendrones en La Habana?

¿Huelga de almendrones en La Habana?
El gremio de transportistas privados no comulga con la medida
gubernamental de topar los precios del pasaje
Lunes, julio 18, 2016 | Miriam Celaya

LA HABANA, Cuba.- Por la capital cubana un rumor corre como la pólvora:
según la voz popular este lunes habrá una "huelga de almendrones" entre
los choferes que hacen piquera frente al Palacio Aldama y en otras zonas
de La Habana, en respuesta a la arbitraria y unilateral medida
gubernamental de topar los precios del pasaje que cobran los
transportistas privados, últimamente afectados por el aumento del precio
del petróleo en el mercado informal.

Se dice que un nutrido grupo del importante sector de los llamados
"trabajadores por cuenta propia" que se dedican al transporte privado
utilizando para ello una variopinta flota compuesta principalmente por
automóviles de los años 40 y 50 del pasado siglo, popularmente conocidos
como "almendrones", ha decidido dejar de prestar servicio al considerar
que no existe una correspondencia justa entre el precio actual del
hidrocarburo, la carga impositiva del Estado –que permanece inmutable,
ajena por completo a los vaivenes del mercado y a la creciente demanda
de transporte de la población, en especial en este período de vacaciones
de verano– y las tarifas que se han aplicado hasta el momento a los
clientes.

A este tenor, desde aproximadamente el 12 de julio, se han estado
produciendo aumentos en los cobros de los pasajes por parte de algunos
"privados". Las nuevas tarifas muchas veces duplican la que se aplicaba
anteriormente, como es el caso de los autos que cubren la ruta playera
Habana-Guanabo –que desde el inicio de la temporada se elevó de 25 a 50
pesos por persona en el viaje de "ida" y hasta 75 pesos por persona el
viaje de "regreso" – o la de la ruta Parque de la Fraternidad-Santiago
de las Vegas, que desde hoy lunes comenzaría a cobrar 30 pesos por
persona frente a los 15 pesos que costaba hasta esta misma semana.

Otra de las soluciones que han comenzado a aplicar los choferes del
sector a fin de compensar los costos del petróleo y evitar en lo posible
mayores perjuicios en sus ganancias es recortar drásticamente la ruta
para mantener las tarifas antiguas. Por ejemplo, una parte de los
automóviles de la mencionada línea Parque de la Fraternidad-Santiago de
las Vegas han limitado el viaje desde ese céntrico parque hasta la
rotonda de la Ciudad Deportiva, y desde ese punto hacen el retorno
aplicando el mismo precio. Cualquier pasajero que viaje en ese segmento
debe abonar los habituales 10 pesos.

Por su parte, los viajeros habituales de esa línea cuyo destino se
aparta más de la capital –como Santiago de las Vegas, Mulgoba, Fontanar,
Calle 100, entronque de la Ciudad Universitaria José Antonio Echeverría
(CUJAE), entre otros– se ven duramente afectados por esta práctica.

Algo similar ocurre con los carros que cubrían la ruta Habana-Playa, o
Habana-Marianao, una parte de los cuales limita el trayecto hasta la
concurrida heladería Coppelia, en el Vedado, aunque hay quienes aseguran
que en este caso se ha establecido una especie de "sistema de relevo"
donde una parte de los transportistas asume el trayecto desde Coppelia
hasta el destino final.

A despecho de las medidas represivas gubernamentales anunciadas contra
el sector, que incluyen el retiro de la licencia, multas y hasta
posibles decomisos del automóvil cuyo dueño desobedezca el edicto real
de atenerse a los precios topados, la tozuda realidad se impone
siguiendo los principios naturales del mercado de la oferta y la
demanda, que rigen en cualquier sociedad humana con independencia de las
ideologías y de los mandatos de los poderes.

Básicamente, en Cuba el parque automotor del sistema de transporte de
ómnibus públicos estatales no solo es (siempre ha sido) insuficiente
para satisfacer siquiera medianamente la creciente demanda social, sino
que además carece de las mínimas condiciones de confort y seguridad, y
sufre de ineficacia y obsolescencia crónicas.

En consecuencia, a lo largo de los años se ha desarrollado un servicio
transportista privado paralelo, relativamente fuerte, capaz de asimilar
con mayor eficacia una parte significativa del transporte urbano,
permitiendo la movilidad de la población y aliviando la carga del
anémico transporte público estatal. Esto ha permitido que durante mucho
tiempo los "almendrones" hayan sido un "mal necesario", amargamente
tolerado por las autoridades, puesto que la función que cumplen es tan
crítica que de no existir ese servicio y solo prevalecieran los ómnibus
estatales, prácticamente se paralizaría la ciudad.

Sin embargo, contraproducentemente las autoridades han decidido aplicar
otra vuelta de rosca sobre los transportistas particulares –ya
suficientemente abrumados por los impuestos y, sobre todo, por el
mecanismo de extorsión-sobornos de los inspectores estatales–,
contribuyendo con esto a agudizar la crisis interna y el descontento
popular que se derivaría de la inevitable disminución del servicio de
transporte, en especial en medio de un verano tórrido y de los
inquietantes presagios de tiempos peores.

No satisfechas con topar los precios sobre el servicio privado –pese a
que este sector no cuenta con un mercado mayorista de combustible, de
piezas de repuesto, ni de otros implementos para el mantenimiento y
reparación de los automóviles–, las autoridades han convocado desde su
monopolio mediático a las masas populares para que se apresten a delatar
a todo aquel chofer privado que aplique un aumento de la tarifa del
servicio. Incluso se ha habilitado un número telefónico –al que no se
accede desde el exterior del país– para que las víctimas de la supuesta
avaricia de los transportistas privados denuncien al infractor. El 18820
es el número creado por la Santa Inquisición verde olivo para el nuevo
sistema de delación entre esclavos y bastará una denuncia anónima para
que al presunto autor de la herejía le sea retirada la licencia que le
permite ejercer como transportista.

Ahora bien, cabría suponer que –habida cuenta de la importancia de los
servicios que presta este sector transportista en la capital y de lo
numeroso del gremio– sus miembros tuviesen el coraje de protagonizar una
huelga de brazos caídos y llevar la ciudad a una especie de
semi-parálisis tal que obligaría a las autoridades a reconsiderar su
disposición de topar los precios, o en su defecto a facilitar a los
transportistas el acceso a combustible con precios favorables, entre
otras demandas, exigiéndoles a cambio el mantenimiento de tarifas
justas. La realidad, sin embargo, es bien diferente.

Ciertamente son muchos los choferes privados que han manifestado su
decisión de no prestar servicios a partir de hoy lunes 18, cuando entre
en vigor la disposición gubernamental de precios topados. Pero a juzgar
por sus propias declaraciones no aspiran a manifestarse abiertamente en
huelga, sino que se limitarán a "tomarse unas vacaciones" o "parar unos
días a ver qué pasa y declarar que voy a hacer reparaciones al carro".
Exactamente como aquellos trabajadores estatales que, incapaces de
negarse a asistir a una marcha convocada por el gobierno, son capaces de
declararse enfermos y hasta agenciarse un certificado médico para
justificar su ausencia.

Es decir, hasta el momento estamos frente a una especie de simulación de
huelga, pero no ante una huelga propiamente dicha. Desafiar abiertamente
a los Inquisidores, reclamar derechos o luchar contra lo que muchos
perciben como un atropello es algo que no se les pasa por la cabeza a
nuestros aguerridos choferes privados.

No obstante, los señores del Poder se han estado mostrando algo
nerviosos en los últimos tiempos. Lo más probable es que hoy las áreas
aledañas al Palacio Aldama, el Parque de la Fraternidad y las calles
adyacentes hayan amanecido copadas por la policía –la uniformada y la
otra– enfrascados en sus rutinas de disuasión, amenaza, revisiones de
licencias y detección de potenciales líderes de la apócrifa
insubordinación. Seguramente los choferes que no se presenten a trabajar
caerán en el tenebroso saco de los sospechosos, serán de alguna manera
escarmentados y definitivamente aislados del resto del rebaño. Será
quizás el final de "la huelga que nunca fue", otra oportunidad de
plantar cara a la arbitrariedad del Poder, perdida por los cubanos.

Source: ¿Huelga de almendrones en La Habana? | Cubanet -
https://www.cubanet.org/opiniones/huelga-de-almendrones-en-la-habana/

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