viernes, 8 de julio de 2016

El castrismo ve un enemigo en cada emigrante

El castrismo ve un enemigo en cada emigrante
JOSÉ GABRIEL BARRENECHEA, Santa Clara | 08/07/2016

El gran problema al que se enfrenta cualquier oposición potencial al
castrismo se encuentra en la casi absoluta concentración de las
posibilidades de desarrollar la vida humana en manos del Estado
castrista y en la aún más eficiente capacidad del mismo para vigilar y
controlar a la sociedad cubana.

El Estado castrista es todavía hoy el más grande empleador del país, a
la vez de que es el dispensador de las licencias para trabajar por
cuenta propia o, en general, para desempeñar cualquier actividad
laboral, todo ello mediante un sistema legal ambiguo que le permite
ejercer el más amplio discrecionalismo bajo un manto de legalidad. Su
eficacísimo sistema de vigilancia y control ciudadano, que solo se hace
de la vista gorda cuando el individuo demuestra una servil
incondicionalidad con el mismo, impide que quien se atreva a declararse
opositor pueda ejercer incluso la actividad económica sumergida.

Oponerse en Cuba es cerrarse todas la posibilidades de obtener de la
sociedad isleña lo necesario para desarrollar su vida y la de su
familia, ya que ni podrá trabajar para el Estado, ni conseguirá una
licencia de cuentapropista ni, muchísimo menos, alcanzará a dedicarse al
mercado negro: el estrecho y minucioso operativo de vigilancia que de
inmediato se establecerá a su alrededor se lo impedirá irremediablemente.

Oponerse en Cuba es cerrarse todas la posibilidades de obtener de la
sociedad isleña lo necesario para desarrollar su vida y la de su familia
En consecuencia, a los inconformes solo les quedará un número muy
limitado de opciones, relacionadas todas con su mantenimiento a costa de
lo que pueda obtener de más allá de nuestras fronteras: la primera,
claro, es emigrar.

La naturaleza esencialmente opositora de todo emigrante cubano suele no
admitirse por quienes no acaban de comprender el carácter en extremo
particular de la sociedad actual, que impide que se usen adecuadamente
para explicarla ciertos términos o ideas, de la misma manera en que se
hace al referirse a la mayoría de las sociedades presentes.

La sociedad cubana no se organiza como la mayoría de las contemporáneas
con el objetivo de que los humanos reunidos en ella enfrenten
conjuntamente sus desafíos concretos, y para que, de ese gregario modo,
solucionen sus necesidades cotidianas (que pueden ser del día a día,
pero también del siglo a siglo). Posee desafíos milenaristas (la
construcción de la Nueva Jerusalén o la sociedad comunista) y se
organiza ante todo para solucionar necesidades supracotidianas (alcanzar
una especie de salvación presente, obtenida al hacer lo correcto para el
establecimiento de un específico futuro en el que no se vivirá). Por
tanto, más que como cualquier sociedad política contemporánea, la Cuba
de Fidel y Raúl Castro funciona más bien como una celosa religión
medieval y, en consecuencia, abandonarla no es visto de manera tan
sencilla y plácida.

Lo primero es entender que dejar México, Guatemala, Colombia o Ecuador
para irse a vivir en otro lado no es una herejía y una traición como sí
lo es en el caso cubano. Ese carácter diferente se manifiesta en
multitud de otras aristas.

En esencia, y al menos según el discurso castrista, en Cuba se ha dado
esa tan particular y extemporánea organización política, social y
económica para evitar la necesidad de emigrar de sus ciudadanos, que tan
fuerte es en países como los referidos más arriba. Cada emigrante
cubano, por el solo acto de convertirse en tal, se constituye en un
contradictor, en alguien que niega el éxito de ese propósito. De hecho,
en un descalificador del discurso oficial, o, lo que es lo mismo para
los generadores de ese discurso, en un enemigo.

Además, como supuestamente en estas formas cubanas de organización
política, social y económica no es lo material lo más importante, sino
la satisfacción espiritual que al individuo en cuestión le proporciona
el sentirse parte integrante de un supuesto proyecto enaltecedor, de
dignificación humana. El acto de emigrar para invertir la escala de
valores pone también en cuestión si no la escala de valores misma (lo
espiritual sobre lo material), al menos la voluntad de quienes mandan en
Cuba para ceder lo suficiente como para que los individuos puedan
encontrar los espacios en que practicar esa dignificación espiritual
referida.

Por lo mismo, otro desafío, y una nueva actitud opositora.

La privación a los emigrados del derecho a ejercer el voto en su país de
origen, algo casi universal hoy día en occidente, es la más clara
muestra de lo que son para el castrismo en definitiva todos los que
abandonan su tutela directa: extraños en el mejor de los casos, enemigos
en el peor, peligrosos opositores todos.

Source: El castrismo ve un enemigo en cada emigrante -
http://www.14ymedio.com/blogs/el_hidalgo_rural/castrismo-ve-enemigo-emigrante_7_2031466834.html

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