lunes, 14 de febrero de 2011

Cuba y la estabilidad aparente

Publicado el lunes, 02.14.11

Cuba y la estabilidad aparente
By ALEJANDRO ARMENGOL

Por momentos da la impresión que Cuba alberga dos naciones distintas.
Durante los últimos años hemos asistido al desarrollo de una política
exterior exitosa, multiplicarse los acuerdos, diversificarse las fuentes
de ingresos y consolidarse un importante número de inversiones.

También se ha permitido la expresión de opiniones diversas --bien es
cierto que en limitados asuntos-- y la aceptación, más allá de lo que
por décadas fue el patrón oficial de formas alternativas de conducta, en
aspectos que van de las preferencias sexuales al modo de ganar dinero
por medios lícitos.

Con una consistencia absoluta, que desafió los pronósticos, asistimos a
un traspaso de poder --por momentos de alcance limitado, otras veces más
amplio de lo esperado-- que ha logrado despreciar cualquier intento de
acercamiento por parte de Washington.

Sin embargo, donde el gobierno cubano no logra levantar cabeza es en un
desarrollo económico que se exprese en mejoras en el nivel de vida de la
población, y el ``enemigo'' que de forma pausada pero constante ha
comenzado a ganarle batallas es el sector privado de la economía.

Permitido a una escala que ha motivado que --a veces con desprecio y
otras con razón-- se le considere simplemente como la multiplicación de
timbiriches, esos pequeños negocios y esfuerzos personales han comenzado
a cambiar no solo la situación del país sino hasta su paisaje.

Acaba de conocerse que el sector privado ha demostrado una mayor
eficiencia en la construcción de viviendas que el Estado. El resultado
no es asombroso, pero si se considera que cualquier gran firma
constructora en un país como Estados Unidos aplasta sin remedio no sólo
al constructor aislado sino a la pequeña empresa edificadora --al punto
de que estos últimos tienen que contar con protección y ayuda federal en
el mejor de los casos-- queda claro no solo la ineficiencia del Estado
cubano, sino su vocación para el despilfarro.

Es decir, que en Cuba el Estado aprovecha al máximo su poder represivo,
pero malgasta su poder económico. La explicación de esta ineficiencia
estatal está dada en gran medida en el hecho de que el burócrata no se
beneficia de la eficiencia, sino todo lo contrario. Como en buena medida
sus privilegios dependen de que el acceso de bienes y servicios se
mantengan escasos, hace todo lo posible para perpetuar esa situación.

A este problema se enfrenta el presidente Raúl Castro, al tratar de
buscar una mayor eficiencia en la economía. Su gobierno está tomando
medidas destinadas a evitar fenómenos que van del tráfico de divisas a
la evasión fiscal, la corrupción y el robo en las empresas estatales.

Sin embargo, tanto el limitado sector privado, como el amplio sector de
economía estatal, están en manos de personas que conspiran contra esa
eficiencia por razones de supervivencia.

La fragilidad de un socialismo de mercado es que su sector privado, si
bien en parte está regulado por ese mismo mercado, en igual o mayor
medida obedece a un control burocrático. Al mismo tiempo, este control
burocrático lleva a cabo muchas de sus decisiones a partir de factores
extraeconómicos: políticos e ideológicos.

Asombra la distancia entre todo ese aparato efectivo de control
nacional, que ha logrado mantenerse sin variaciones, ese esfuerzo en
ampliar los servicios de cara al turismo internacional, y esos
resultados tan pobres, en lo que tiene que ver con la satisfacción de
las necesidades de la ciudadanía, que de pronto convierte en noticia el
surgimiento de un puesto de fritas o la reapertura de una tienda de
tarecos con precios exagerados. Como si fuera necesaria la actuación de
un Estado poderoso para poner a la venta candados, tuberías y
hamburguesas. Ridículo que un aparato tan completo y complejo, a la hora
de actuar con éxito en la esfera internacional, sea tan torpe y limitado
cuando se trata de ofrecer unos cuantos artículos.

Del ensanchamiento o la disminución de la brecha entre la Cuba del
ciudadano de a pie y la Cuba que a los ojos del mundo intenta ofrecer
una visión de permanencia, estabilidad y desarrollo depende el fracaso o
el triunfo del gobierno de Raúl Castro.

as apariencias de estabilidad, sin embargo, no deben hacer olvidar que
lo que hasta ahora ha resultado determinante, en casi todas las naciones
que han enfrentado una situación similar a la hora de definir el destino
de un modelo socialista o de levantarse contra una tiranía, es la
capacidad que ha tenido el régimen para lograr que se multipliquen no
mil escuelas de pensamiento sino centenares de supermercados y tiendas.
Eso y la fidelidad del ejército nacional al gobierno. El mantenimiento
de un poder férreo y obsoleto sobrevive no sólo por la capacidad de
maniobrar frente a las coyunturas internacionales y por sustentarse
fundamentalmente en la represión y el aniquilamiento de la voluntad
individual, sino porque el desarrollo de una sociedad que avanza en lo
económico y la satisfacción de las necesidades materiales del ciudadano,
aunque sea sobre una base de una discriminación económica y social en
aumento, pueden permitir a la vez el mantenimiento del monopolio
político clásico del sistema totalitario. La propiedad estatal y privada
pueden coexistir en la Cuba actual, pero se trata de una simbiosis
incómoda, plagada de aspectos imprácticos, cuyo equilibrio es más una
apariencia que una estabilidad real.

cuadernodecuba@gmail.com

http://www.elnuevoherald.com/2011/02/14/v-fullstory/886325/alejandro-armengol-cuba-y-la-estabilidad.html

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